Teoría del Tiempo (2003)
“It’s not the moment, but the situation.”
Someone, somewhere
Luego el presente es un momento, no una situación.
Es éste momento, el presente, el que pretendí controlar. Su consecuencia es someter el futuro inmediato, siguiendo el hilo de razonamiento propuesto arriba.
Sabemos que no se puede cambiar el ayer. Es un anhelo implícito en la mayoría de los seres humanos; pero cambiar cualquier suceso, por más mínimo que éste sea, implica un cambio enorme en el presente. Ejemplifiquemos. Supónganse que adelantamos o atrasamos la llegada de Cristóbal Colón a América un día. Incluso una hora (¡increíblemente es todo cuestión de tiempo!). Es posible que de haber ocurrido esto que propongo, yo no estaría escribiendo ahora. Es posible que no hubiera nacido. Porque nada de lo que ocurrió, lo que conocemos o suponemos que ocurrió, hubiese acontecido de tal modo. ¿Qué hacen cuando llegan una hora antes a un lugar? ¿O una hora después? ¿Sucedería exactamente lo mismo que si llegaran a la hora debida?
Resulta obvio que es factible modificar el futuro. Pero no es el objetivo de mi relato. El cómo es lo trascendental.
Me he propuesto una meta que al leerla les resultará imposible (por no decir totalmente excéntrica) de llevar cabo. Eso lo sé porque fue lo que me dije en un primer momento. En verdad, aquellos objetivos difíciles (y puedo asegurar que éste no es el caso) muchas veces son olvidados rápidamente a causa de que parecen irrealizables. La cuestión es ser tenaz y probar todo. Pónganse a pensar, ¿cuántas cosas que se han descubierto fueron tomadas por absurdas por quienes no las comprendían? Galileo, Copérnico, Darwin, Newton. No pretendo compararme con ellos, no soy un genio ni lo que he logrado puede considerarse como fruto de una inteligencia superior. Pero los que consigan entender mi teoría serán diferentes. Tendrán un arma más para interpretar la vida y al universo mismo. Me atrevo a afirmar que no van a ser los mismos nunca más.
Sucedió que luego de perder demasiada gente amada en mi vida, me planteé conseguir que el tiempo que tenía con los que todavía siguen conmigo, sea casi infinito. Mejor dicho, me propuse manejar el tiempo: que pase ‘rápido’ o ‘lento’ según mis intereses. El tiempo existe, de eso no cabe ninguna duda, es también una creación del hombre y como tal puede ser controlada por él.
Pues sí, puedo dominar el tiempo a piacere. La pregunta que les debe carcomer el cerebro es... ¿cómo? Asombrosamente fácil. Extremadamente posible. Lo gracioso es que todos lo hacemos en algún período de nuestras vidas, el punto es que no nos damos cuenta. Es el inconsciente el que actúa.
Ya, ya, paciencia. ¿Lo ven? Es ése el problema de los proyectos inconclusos: la ansiedad, la impaciencia. No me resultó fácil dar con la solución no obstante la facilidad de la práctica una vez hallada la forma. Tiempo al tiempo.
Una aclaración antes de pasar a la ‘fórmula’. Pregúntense, siempre, porqué hacen lo que hacen, deciden lo que deciden. No hagan sin saber porqué, instintivamente. No quiero enseñarles algo y que lo apliquen sin un motivo concreto. Sería perder tiempo, el mío y el suyo.
La primera vez que llevé mi teoría a la práctica fue por amor. Quería que el tiempo en el que estaba con mi novia pasara lentamente. Sucede que cada vez que se está bien, que uno se divierte, el tiempo se acaba a velocidad vertiginosa. En cambio, cuando se desea fervientemente ver a alguien o hacer alguna cosa y mientras tanto no se tiene nada para hacer, el tiempo es pesado, lento.
Entonces le propuse a mi pareja mirarnos hasta que nos tuviéramos que separar. Nos observamos, nariz con nariz y boca con boca, durante tres horas sin apartar la postura ni siquiera un segundo. Puedo asegurar que fueron más de tres horas lo que estuvimos durante la prueba. Tal vez el reloj decía lo contrario. El sol también. Claro que en su tiempo, no en el mío. Lo mismo sucedió cuando repetimos la operación, esta vez abrazados. Según el cálculo cronológico del reloj fueron sólo dos horas y tres minutos. ¡Dos horas y tres minutos! Me causa gracia el pensarlo. Sin dudarlo, pasaron mucho más de dos horas y tres minutos. Muchísimo más. En tiempo terrestre (¿universal?) transcurrió tanto, pero en ese espacio entre mi novia y yo, las cosas fueron de otra manera.
De la misma forma puedo acelerar el tiempo cuando lo necesito. Dormir es un buen método. Escribir, escuchar música, hablar con un amigo, son otros claros procedimientos que precipitan el paso del tiempo.
Ahora (¿presente?), no hay tiempo estimable en mi vida. No me preocupo por el horario, si es de mañana, si es de noche. Mi vida es todo un mismo tiempo dividido en sucesos. Nunca llego tarde porque no necesito llegar en hora; no me atraso o adelanto en nada porque no tengo apuro en hacerlo; duermo o como cuando mi cuerpo lo necesita, no por un horario establecido socialmente.
Es muy posible vivir de esta forma. Sin embargo no se puede escapar al paso del tiempo. Tendré que morir de manera irremediable, sin embargo, me pregunto... ¿Se podrá ralentizar ese momento inevitable?
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