El poeta, el pintor y el músico tenían un dilema: el segundo quería pintar lo que componía el tercero, éste pretendía musicalizar lo que escribiese el primero y el escribiente plasmar en papel lo que el pincel dibujara en lienzo. Y pretendían que éstas fuesen sus últimas obras. Pero era imposible llevar a cabo la tarea. ¿Cómo pintar, escribir o musicalizar lo que todavía no existe, lo que aún no se ha creado en la mente? Para empezar cada obra los tres, necesitaban que el trabajo de los otros (de ellos mismos) estuviese finalizado. El problema era irresoluble para sus mentes imaginativas por lo cual decidieron acudir a una analítica: la del matemático; que intentó mediante fórmulas y formas geométricas zanjar el asunto. Le llevó días, semanas, meses; trazó tantas líneas y garrapateó tantos números que se olvidó completamente por dónde había empezado. Ofuscado más que derrotado, les dijo a los artistas que buscaran la solución por sí solos. El turno de devanarse los...
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