Sentado en una silla de oficina, frente a la computadora y en la seguridad de mi habitación, leo en distintos medios (pero mejor, en las redes de los periodistas que sigo) la constante y homogénea realidad que el Coronavirus diseminó, en forma de muerte, sobre los países del planeta. Como se ha escrito en innumerables ocasiones, la única igualadora es la “dama de negro”, que nos impone a todos el inexorable destino con su dalla. Dejo la prosa de lado y me concentro en lo que me llevó a escribir estas líneas. Hace 17 años, Li Wenliang detectó un virus que era muy similar al SARS (una enfermedad respiratoria muy contagiosa y ocasionalmente fatal provocada por el coronavirus que apareció en China en 2002) aunque con sutiles diferencias. Intentó advertir a la comunidad de su país, lo acusaron de estafador y fue investigado. En febrero de este año, Li falleció en la cama de un hospital, tras haberse infectado con COVID-19 mientras atendía un brote en su región. Sin temor a equivoca...
Página con relatos cortos, largos, columnas de opinión y algunas poesías de autoría propia.