Después de la furia, La lluvia le limpia la resaca. Esta ciudad de calles oscuras Y noches iluminadas, No se da por vencida y busca un refugio Para poder vibrar otra vez. Recelosa de su grandeza Decide crecer aún más, Dejando rezagadas a muchas Que, sin esa marea de gente, Le compiten en omnipotencia. Contaminada por su gente, Que con su movimiento Le produce heridas constantes; Compuesta por torres Que empañan la vista, Se yergue alta sobre sus cimientos. Buenos Aires no para nunca, No toma descansos que la complican. No la juzguen de egoísta, Pues le cuesta mantenerse despierta; Y todo lo que es, Lo es quizás para nosotros. Sin embargo no sabe lo que hace, Se construye por ojos ajenos; Y entonces se enciende todavía más, Sin saber que su propio existir La llevará a la sombra.
Página con relatos cortos, largos, columnas de opinión y algunas poesías de autoría propia.