Guerra (2019)
En la explanada se confunden
el olor a hierro del hierro
y el aroma a hierro de la sangre.
El Rey yace, muerto.
Del cruento y fugaz asalto
Sólo uno queda en pie.
Una herida le marca el rostro
Y en un peldaño descansa su sien.
Con los ojos abiertos, mira;
Con el resto del cuerpo, sueña.
En el cuello del Rey, la llaga late;
En las afueras del reino, ríe la
gente.
“¿Nadie escuchó la refriega?
Sin dudas, el viento la llevó lejos,
A las puertas del palacio y afuera”.
Piensa el asesino, libre ya de
complejos.
No se escuchan pasos en la escalinata
Ni se ven soldados arribando a la
glorieta.
¿Quién llegará primero a besarle la
frente
Al Rey caído?
Ya no queda vida en la planicie,
Donde cinco combatieron y se dieron
muerte.
Separados por el credo se encontraron,
Y el destino, con poderosa malicia,
En el Fin los unió a su antojo.
Desde el cielo grazna una sombra,
Sus alas cubren el sol.
Dos más se acercan al vuelo
Y los tres planean en el campo de
batalla.
El primer buitre da un chillido que
anuncia el descenso.
Lo sigue el resto y, en segundos, el
banquete comienza.
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