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El dilema de los artistas

El poeta, el pintor y el músico tenían un dilema: el segundo quería pintar lo que componía el tercero, éste pretendía musicalizar lo que escribiese el primero y el escribiente plasmar en papel lo que el pincel dibujara en lienzo. Y pretendían que éstas fuesen sus últimas obras. 

Pero era imposible llevar a cabo la tarea. ¿Cómo pintar, escribir o musicalizar lo que todavía no existe, lo que aún no se ha creado en la mente? Para empezar cada obra los tres, necesitaban que el trabajo de los otros (de ellos mismos) estuviese finalizado. El problema era irresoluble para sus mentes imaginativas por lo cual decidieron acudir a una analítica: la del matemático; que intentó mediante fórmulas y formas geométricas zanjar el asunto. Le llevó días, semanas, meses;  trazó tantas líneas y garrapateó tantos números que se olvidó completamente por dónde había empezado. Ofuscado más que derrotado, les dijo a los artistas que buscaran la solución por sí solos. 

El turno de devanarse los sesos les tocó a los tres genios, que inútilmente desollaron cada idea que se les ocurrió. Durante unos años se dedicaron a vivir de otros oficios dejando de lado sus comienzos bohemios. Se casaron con hermosas mujeres y tuvieron varios hijos, pero con el correr de los años sus necesidades creativas afloraron conjuntamente; fue así que decidieron reunirse en la casa del pintor para ver si alguno había podido quitar la traba que les impedía trabajar juntos. 

Después de los saludos y las presentaciones, corrieron al sótano de la casa y tomaron sus instrumentos, dispuestos a trabajar mejor que nunca. Se miraron expectantes, pues los tres llegaron a la misma conclusión y espontáneamente dijeron:
_ Empecemos por el final. 
              Septiembre 2003

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